En el ADN de un hombre de la ficción

En un rincón al norte del país, Tucumán, y en un momento de esplendor cultural y económico de la provincia, hay una mesa y a su alrededor siete hijos y nada para comer. En una mezcla de humillación, dolor y  orgullo resiliente crece la creación, de la nada misma. Una madre inventa un juego: en el centro de la mesa hay ahora un pollo imaginado. La nada es abundancia y el juego: quienes se quedan con las patas. Entre el té de yuyitos y el juego, el hambre se calma y los niños aprenden que la creación alimenta y nutre. La ficción es para todos los que la disfrutamos y para los que la generan un lugar en donde velar (esconder) y velar (duelar) sentimientos encontrados, en conflicto. En el acto creador se juega la fuerza de superación, superamos el dolor, la perdida, velamos y develamos una verdad. En ese ámbito, el nene Saúl construyo su ADN para luego transformarse en Alejandro Romay. 

Alta Comedia: los primeros pasos del teatro en la pantalla

La recuperación de los unitarios por parte de Teatrix es un homenaje y un regalo para los televidentes, hoy transformados en usuarios de una plataforma digital de teatro, amantes sin dudas de la ficción. La solapa en la plataforma se llama “Vintage” y ahí se puede encontrar parte de la serie que Mirta Romay, hija del Zar, encontró en un mueble de las viejas oficinas de su padre. Junto a otros registros hallados (las obras El violinista en el tejado, El diario privado de Adán y Eva, El hombre de la Mancha y Víctor Victoria), estos episodios de Alta Comedia fueron justamente el gérmen de Teatrix: ¨papá lo dejó allí para que alguno de nosotros hiciera algo con eso” dijo Mirta Romay.  Los episodios formaron parte del primer catálogo de Teatrix que luego se eliminaron de la plataforma y hoy se vuelven a recuperar en una solapa: VINTAGE. No es teatro, es la evolución del teatro en la televisión de aquellos años. Si el teatro filmado hoy en Teatrix es el equivalente a la ópera en la radio a principios del siglo XX, Alta comedia fue la invención de un género que supo conquistar a las masas. “La decisión de subirlo a Teatrix incluye la voluntad de declarar ese material a SAGAI y Argentores para que se paguen regalías a los autores y actores de esas piezas, que se remasterizaron y digitalizaron para la plataforma”, explica Romay, hoy al frente de Teatrix.

ALTA COMEDIA: los primeros pasos del teatro en la pantalla

El ciclo televisivo Alta comedia emitido en Canal 9 (tuvo dos períodos, en los 70 y en los 90) fue sinónimo del clamor de una época. Creado con una fe absoluta en el poder de la ficción, significó la llegada al público masivo de contenidos de una primerísima calidad, como cada uno de los proyectos que Alejandro Romay emprendió. Se emitía los sábados a la noche y le hablaba a una familia que se reunía alrededor de, muchas veces, la única televisión de la casa.  

“Los suyos eran productos cuidados, queridos, a diferencia de lo que ocurre en la televisión de hoy. El 9 era un canal para actores. Fue un homenaje que Romay hizo a la comedia, por donde pasaron los mejores. Incluso ganaron premios internacionales”, cuenta Pepe Cibrián Campoy (de quien se pueden ver una y mil veces en Teatrix Drácula, Dorian Gray, el retrato, La importancia de llamarse Wilde, Otelo, Calígula y Lord), que observaba a sus padres ir y venir entre ensayos de ficción, pasar letra y hasta sostener decorados. Tanto José (luego director artístico del canal en los últimos años) como Ana María Campoy, interpretaron numerosos roles en títulos como Carmelita y los hombres, Cinco lobitos y El cumpleaños de la señora Capper.

“El misterio de la creación artística es el misterio mismo de la creación natural”, hizo decir Luigi Pirandello a uno de sus seis personajes en busca de un autor, un siglo atrás. El enigma se actualiza en cada puesta en escena de la obra, década tras década. Como en la adaptación de Rubén Szuchmacher (director, entre otras obras, del Rey Lear, con Alfredo Alcón, presente en el catálogo de Teatrix) para el ciclo televisivo. “Mi participación estuvo ligada a una invitación de Elena Antonietto. Era muy divertido juntarme con ella dos o tres veces por semana para escribir. Eran tiempos de grabaciones prolongadas. Se hacía todo en un mismo día, entonces implicaba mucho esfuerzo para los actores, que tenían que tener todo estudiado”, cuenta Szuchmacher que, como quería estar presente en la grabación, también tuvo un pequeño papel en el programa. “Había mucha voluntad para hacer este tipo de ciclos. Eran grandes producciones. Uno estaba en Alta Comedia únicamente por pasión. Fue una experiencia muy plácida y tiene una atmósfera de otros tiempos que es muy importante recordar”. 

Lista de episodios

Seis personajes en busca de un autorSueño de navidad, Las tres hermanas, El engaño y Las vueltas de la vida son algunos de los 12 títulos que se suman a La mala sangre, Los días de Julián Bisbal, El acompañamiento y El gran deschave. “De todos los ciclos que atesoré en mi vínculo con la televisión, Alta Comedia fue mi preferido, mi orgullo”, dijo alguna vez Romay, que hoy cumpliría 93 años, y no sin razón. Los programas abrieron un paréntesis en la televisión argentina que tanto bien le hizo al teatro, a la televisión, a sus artistas, a su público. Con las adaptaciones de obras de Antón Chéjov, Luigi Pirandello, Molière, Arthur Miller, Fiódor Dostoievski, y otras de autores nacionales como Tito Cossa, Griselda Gambaro, Carlos Gorostiza, Sergio De Cecco, entre otros, venía la alegría de las centenas de actores que vivían gracias a Canal 9. No hay gran actor o actriz de esa época que no haya estado en el ciclo, gracias a Romay y su ojo para detectar grandes talentos. Y así como la creación es un misterio, nunca más volvió a haber un ciclo igual. Teatrix espera que puedan disfrutar de estos hallazgos históricos.